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Examen completo: uso fraudulento de las tarjetas de crédito prepago

La tarjeta de crédito prepago: ¡cuidado con la estafa!

La tarjeta de crédito prepago está en el punto de mira de las autoridades que combaten la fraude fiscal internacional. La desmaterialización ha permitido facilitar y incentivar el cambio, empero ha igualmente favorecido la estafa. En el estado actual, las transacciones por tarjetas de crédito prepago son pobremente monitoreadas – lo que representa un riesgo tanto para el consumidor como para los establecimientos financieros.

Las mulas de plástico y los piratas: el paraíso de la estafa.

Las tarjetas de crédito prepago reemplazan los pasadores humanos en el transporte de sumas de dinero entre criminosos de toda especie: fondos oriundos de la prostitución, tráfico de drogas, corrupción y financiamiento de terrorismo… lo difícil que es monitorear las  transacciones, la proveniencia de los fondos y los pasadores hacen de estas tarjetas los socios VIP de los mafiosos: más sencillas de administrar que la gente, no cometen errores y siguen siempre discretas.

Con una cuenta robada, es fácil comprar una tarjeta de crédito prepago y cargarla.

De hecho, estos hackers empezaran a aprovecharse no de las tarjetas de crédito propiamente dichas, sino del sistema  (el back-office) que las administra. De esta manera, un ataque a los procesadores que distribuyen las tarjetas provocó en el 2012 una fraude de 45 millones de dólares al banco Chase en algunas horas.

¿Diversas Tarjetas para diversos riesgos?

Sin embargo, los riesgos varían en función del tipo de las tarjetas – si son recargables o no. Típicamente las tarjetas no recargables son utilizadas para regalos, cupones de compras, recarga de móviles o aún tarjetas específicas (iTunes, Amazon, etc.). Se las cargan con un importe específico y pueden ser usadas mientras no se agote. Estas tarjetas pueden adquirirse por el consumidor de manera totalmente anónima. No se les pide ningún documento de identificación, lo que las hace un excelente medio de lavado de dinero – en este punto se focalizó el combate.

Las tarjetas de crédito prepago recargables por su lado se distinguen por su capacidad de ser recargada con fondos y por que su portador tiene que identificarse cuando la adquiera. Tales tarjetas son emitidas por las grandes empresas del sector, como Visa, Master Card y American Express. En teoría, estas tarjetas presentan un riesgo que se percibe como menos crítico que en el ejemplo anterior, empero con un diferencia drástica, ellas pueden ser usadas en cajeros automáticos.

Los diferentes ataques a los cuales están expuestas las tarjetas recargables

los ataques se concentran en general en el sistema de gestión: los hackers vendrán a modificar los importes de balance de cuenta, eliminar lo límites de uso diario, semanal o mensual, y llegarán incluso a apropiarse de contraseñas o códigos PIN. A partir de ahí solo les hará falta codificar estos datos en una tarjeta con chip, correr al cajero más cercano y luego blanquear el dinero con compras de lujo.

Otra manera que tienen de proceder consiste en usar una tarjeta de crédito prepago sin el conocimiento de  su dueño – estos últimos no se dan cuenta que están participando a un lavado de dinero. Se trata de la usurpación de una identidad para robar la tarjeta de la víctima.

¿Como protegerse?

Pequeños y grandes establecimientos financieros están expuestos al mismo riesgo. Los emisores, por su parte, disponen de medios más eficaces y más seguros en general por haber acumulado más experiencia en administración de datos bancarios.

La bronca de la Autoridad de los Mercados Financieros (AMF) en su comunicado del 28 de mayo 2014 dirigido hacia la plataforma InvestDiamond.com administrada por el mismo presidente que Veracarte confirma que adquirir tarjetas de crédito prepago con algunos emisores tiene su proporción de riesgo justamente a causa de la falta de seriedad en la administración de datos. La mezcla de géneros puede por tanto resultar en riesgo para el portador.

Los bancos, por su lado, no son 100% infalibles tampoco por interactuar con otras empresas que comercializan sus productos y su red que devienen las puertas de entrada de los piratas.

¿Cuales son las perspectivas?

En primer lugar, los sistemas de administración de las tarjetas deben ser revisados afín de asegurar las tarjetas en general. Luego, los servicios bancarios por internet tienen que reforzar en igual proporción sus medidas de seguridad. El control interno tiene que primorearse visto que la mayoría de los ataques son externos.

Seguro uno no puedo olvidarse en esta ecuación de que se trata sobretodo de una fraude a la identidad, por phishing o por ingeniería social, o sea gente que se hace pasar por otra usurpando identidades ajenas frente a los bancos y a los proveedores. Esto significa que la fraude en las tarjetas de crédito prepago no se distingue de las demás fraudes existentes.

Los emisores de tarjetas deben igualmente tomar las medidas necesarias – o sea, en nuestro caso, mejor evitar los emisores de tarjetas con menos de 2 años de existencia. Su prioridad es penetrar el mercado más que todo, conquistar terreno frente a sus competidores y, en su precipitación suelen descuidar de la seguridad. Caso su industria llegue a prevenir o anticipar más que remediar o reaccionar delante de una amenaza, la tarjeta de crédito prepago tenderá a devenir indubitablemente un actor clave.

En todo caso, antes de eligir, mantened prudencia.

Acá, nuestro comparador de tarjetas de prepago

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